Uno de los acontecimientos económicos fundamentales de Granollers ha sido y continúa siendo su tradicional mercado del jueves, que tiene lugar en el centro de la ciudad. Hoy cuenta con unos 400 puestos.

La inmejorable situación de Granollers, como tantas veces se ha dicho, configuró la villa como un lugar de paso apto para todo tipo de transacciones.
En lógica correspondencia a su papel central, el comercio adquirió un protagonismo relevante. El mercado ha sido el rescoldo de la fructífera y enriquecedora actividad mercantil posterior. La formación de la villa medieval estuvo íntimamente ligada a la función de mercado, documentado ya en el año 1.040, y que, de una forma ininterrumpida, se ha venido celebrando hasta la actualidad. Una actividad que ha dejado huella en la toponimia de algunas de las plazas escenario de esta manifestación cotidiana, siempre dentro del perímetro amurallado. Nombres como los de la plaza de l'Oli (del aceite), de les Olles (de las ollas) y dels Cabrits (de los cabritos), aún existentes, o como los de la plaza del Bestiar (del ganado), del Gra (del grano), o dels Porcs (de los cerdos), ya abandonados, pero no olvidados, son una buena muestra de ello. Calles y plazas, pues, han acogido la frenética ocupación de los jueves que ha paralizado y, a la vez, dinamizado toda la actividad granollerense una vez a la semana.
La resistencia a cualquier cambio de emplazamiento del mercado, aunque fuera necesario, se ha convertido en un motivo de polémica y oposición frontal. En julio de 1.872, sin embargo, se trasladaba el mercado de grano y patatas a la plaza de la Llibertat, actual plaza de la Corona, después de haber sido objeto de otros cambios. Uno de éstos, incluso, se hizo mediante un plebiscito, el día 2 de noviembre de 1.869, si bien, al cabo de poco tiempo, fue devuelto a la Porxada.

Hacia agosto de 1.930, un grupo de vecinos solicitaron al ayuntamiento el traslado del mercado del ganado a la plaza Verdaguer, con el objetivo de descongestionar el centro y potenciar, al mismo tiempo, la zona mencionada. Aceptada la petición, por acuerdo del Pleno del día 21 de enero de 1.931, la reacción no se hizo esperar. Un número muy nutrido de comerciantes afectados junto con diversos tratantes y negociantes, que incluso amenazaron con mantener el mercado en un lugar privado, manifestaron su rotundo y total desacuerdo. Si el argumento era lógico y fácil de entender, el argumento en contra también tenía su justificación, ya que comportaría una pérdida económica importante y, de resultas, sería el ayuntamiento el más perjudicado ya que dejaría de percibir los tributos correspondientes. Al final, el acuerdo no se llevó a cabo.
Pocos años después, a mediados de 1.934, se quiso hacer lo mismo. Ahora, en el Parc de l'Estació, siendo en este caso el Centro Gremial el que se opuso, aunque se trataba, tan sólo, de una simple posibilidad. Pero, poco a poco, aquello que en un primer momento podía representar un agravio comparativo se acabó convirtiendo en una necesidad ineludible. Razones de salubridad e higiene aconsejaban el traslado del ganado hacia otras zonas menos conflictivas. A finales de 1.940, ya se había trasladado a la plaza Barangé y, más tarde, a la calle Agustí Vinyamata. El problema se acabó cuando perdió toda su importancia y el ganado dejó de acudir al mercado. Los negociantes, figura típica en otro tiempo, fueron desapareciendo de aquellas concentraciones. Los tratos ya no se hacían sobre el terreno, sino directamente con los mataderos, responsables de la distribución y la comercialización subsiguiente. Eran los grandes mercados centrales especializados los que fijaban los precios y, por lo tanto, el contacto personal se había convertido en sobrero.

El año 1.967 se suprimieron los mercados bovino y porcino. A medida que la sociedad se iba industrializando y la agricultura y la ganadería se convertían en una actividad marginal y minoritaria, este mercado, el mercado del jueves, cambiaba, también, su fisonomía. Se transformaba, sin desaparecer, en un gran mercado urbano, donde los productos manufacturados acaparan toda la oferta. La presencia de aves de corral y la afluencia de campesinos provenientes de toda la comarca, en torno a la Fonda Europa, es la única reminiscencia del pasado. El interés de estos hombres quizás ya no sea el mismo de antes, pero la tradición, la necesidad de alternar e intercambiar información los hace retornar, cada semana, al mismo lugar de encuentro.
El mercado semanal del jueves es un mercado multisectorial que tiene lugar en diversas calles y plazas del centro de la ciudad todos los jueves del año. Cuando el jueves es día festivo, tiene lugar siempre el miércoles inmediatamente anterior.

Ubicación:
Calles: Sant Josep, Sant Jaume, Rec, Sant Roc, Santa Anna, Anselm Clavé, Santa Esperança y Joan Prim. Plazas: Església, Caserna, Oli, Cabrits, Porxada, Folch i Torras, Manuel Montaña, Olles, Maluquer y Perpinyà.
El mercado semanal consta, aproximadamente, de 400 puestos que representan una ocupación de 2.200 metros lineales (también aproximados).
El mercado está plenamente ocupado y raramente se producen bajas que permitan la incorporación de nuevos vendedores. Normalmente, las bajas se ocupan con familiares y/o descendientes de los titulares, o bien, con ampliaciones de los puestos vecinos, tal como prevé el reglamento.
